Y de pronto un día te despiertas
Y de pronto un día te despiertas. El letargo acumulado toma posesión de ti. Te levantas de ese sueño que te mantuvo dormida dos años, ocho meses y muchos, muchos días. Dormiste enfrentando esa terrible pesadilla. Una muerte. El arrebato e la vida perfecta- al menos para ti. Te levantas agotada de tanto, tratas de enfocar tu vista, todo es tan indefinido, confuso (¡tal cual en esa horrible pesadilla!), pero ya no estás en aquel lugar, te estás despertando. Poco a poco la luz se cuela tras la cortinas y esa claridad te permite reconocer el lugar. ¡Nada ha cambiado! Dos años y muchos meses en esa misma cama y afuera nada ha cambiado. El cuarto es el mismo. Caminas. Sales del cuarto. Observas atentamente, la sala, el comedor, leves cambios en su posición, y de pronto tu mirada es captada, arrebatada por una foto, su foto. Ahí está la foto que te observa, su foto y su sonrisa. Te observa susurrándote la verdad. -¿Aún no lo crees?¿Cierto? -parece hablarme. Sigo en ese letargo. La vida no se detuvo. ¡Dormí para sanar! Repentinamente, como el rayo que pega para alumbrar todo a su alrededor, los ojos de esa foto, tu foto, me lo recuerdan todo: tu muerte y la mía. Tú volaste, yo me quedé atorada en esta vida. Mi cuerpo estaba destrozado, pero yo no volé contigo. Dicen que "aún no era mi tiempo"- pero quedé perdida en ese letargo que no distingue el día de la noche. Así que, me metí en mi capullo para hibernar. Ahí se terminó de romper lo poco que quedaba de mí. Los pedazs se resquebrajaban y dolía. La oscuridad permanecía, pero veía mi alma resplandecer en ese inferno. Era un constante claro-oscuro. Algo estaba sucediendo. ¡Quise huir! Pero bien sabía que debía permanecer ahí para transitar el dolor. En esas noches oscuras y horribles del alma, te aferras a tu fe. Y ahí permaneces, sabiéndote sobrepasada por el dolor y sostenida en Sus Manos.
Comentarios
Publicar un comentario