Meses sin escribir y la llegada de ciertas emociones
Han pasado los meses sin escribir.
Las
emociones llegaron a arremetiendo fuerte, intensas, bruscas, impredecibles.
Llegó la
tristeza, la soledad, el enojo, la incredulidad de su muerte (sí nuevamente),
el desánimo de continuar sin él, en fin, esas emociones que nos detienen y nos
obligan a hacer un alto en este caminar.
Volvieron a
aparecer los porques sin respuestas, esas preguntas que se pierden en el vacío.
Llegaron
para acompañarme después de las “fiestas de Diciembre”.
Llegaron
para recordarme que él se había ido para siempre, que jamás regresaría.
Llegaron
para abrazarme en la soledad.
Llegaron
para arrojarme al vacío emocional nuevamente.
Les permití
llegar, les permití que me dijeran todo, las escuche, las deje estar un rato
conmigo.
Me
hablaron, me gritaron fuerte, me recordaron las penurias de la viudez, me
confrontaron.
Y después de
esta visita inesperada, después de escribir todo cuanto me expresaron, les
permití irse.
Me levanté
para abrirles la puerta y una a una fueron saliendo con elegancia investida.
Agradecida
las vi partir con un hasta luego, sí, regresarán en otro momento, volverán, y
aquí estaré para escucharlas y validarlas.
Volveremos
a sentarnos, a mirarnos a los ojos sin miedo, con lágrimas tal vez, y tomaremos
ese café juntas por las mañanas.
Después de
esta visita, me volví a levantar, segura de mí, segura de ellas, segura de que
esta es la vida que hoy me toca vivir.
Y
completamente segura que tras y en esto, Dios está presente sosteniendo y
confortando a su hija.
Comentarios
Publicar un comentario