Y de pronto
Entre los vaivenes de mi hoy, se vive la muerte y la vida.
Ante la noticia que cambió nuestro rumbo, me he quedado sin aliento. Respirando por inercia.
Y la vida sigue. Se continua entre el ruido de la vida.
Te tomas el tiempo de aislarte, de estar para ti, de querer despertar de esta terrible pesadilla.
No hay ánimos ni energía para continuar y, sin embargo, te presentas ante la vida.
Te levantas. Caminas. Enfrentas. Pausadamente, pero enfrentas.
Algo en ti te impulsa a estar.
Una mezcla extraña de oscuridad y luz. De sonrisas y lágrimas. De enojo y aceptación.
Y de pronto, llega el momento en que la sonrisa sale desde la barriga. Te sorprendes a ti misma riendo a carcajadas, sonriendo desde el corazón. Cantando y bailando. Y te das cuenta que la vida es esto: abrazar la tristeza y la alegría; la sonrisa y el llanto; la luz y la oscuridad.
Y te atreves a viajar, a ir y encontrar, a ir y abrazar, a ir y volver a soñar con él en una nueva realidad: abrazándote desde la eternidad.
Das el paso y entre lágrimas te encuentras con su recuerdo de quien fue y es, de quien vivió intensamente y lo dejó todo por su Señor. Y así, te dejas abrazar por el cariño del otro, de aquel que sale a tu encuentro y llora contigo, llora por y con el dolor compartido, pero también sonríes ante los miles de recuerdos que afloran en la conversación.
Dios es fiel.
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