La cruz no se entiende, simplemente se vive
Conversando conmigo misma:
Ella-pequeña:
“No entiendo la cruz. Me da miedo (una vez más ella preguntaba)”
Ella-47
años: Solo le sonreía a la pequeña que hablaba constantemente de su miedo a la
cruz.
Ella-pequeña:
“No quiero la cruz, no la entiendo, ¿por qué tuvo que ser así? ¿Por qué una
cruz?”
Ella-47
años: “No sé, no tengo respuestas. Pero me permito decirte algo, cuando llegue
no te quedará más remedio que sobrevivir viviéndola. Quedándote en ella. Confiando
en ese Amor Divino incomprensible. No habrá otro camino a menos que… (y el
silencio sobrevino con su mirada perdida en el horizonte)”
Ella-pequeña:
“A menos que… (esperaba atenta la respuesta con esos ojos oscuros, asombrados
ante el dolor de la vida que hoy se vivía)”
Ella-47 años: “A
menos que no quieras llegar a la Meta final, al Cielo par ti. Sacarle la vuelta
a la cruz derrotará tu llamado, tu esencia misma, tu trascendencia. Así que,
no, la Cruz no se entiende, se vive”
Y la
conversación una vez más guardó silencio. Y ella se perdió en sus recuerdos de
aquel ayer que hoy ya no estaba.
Comentarios
Publicar un comentario